martes, 9 de noviembre de 2010

Lujuria a escondidas (1º parte: Victoria)

                                         
Sonreí con parsimonia, sabía que ella llegaría pronto y no obstante, no estaba nerviosa. De hecho, ansiaba aquel encuentro más incluso que la última vez. Aunque… la última vez había sido especial, no sólo habíamos tenido sexo, también… también habíamos compartido algo parecido al cariño, o por lo menos eso era lo que yo quería creer.
Claire era una mujer complicada, seria y una auténtica bomba sexual. Hacía bastante tiempo que la conocía y a decir verdad, podía reconocer que no sabía absolutamente nada de ella. Pero eso iba a cambiar, y a ser posible todo aquel misterio terminaría esta noche.
Encendí mi último cigarrillo y bajé las persianas. Mi casa desprendía un olor dulzón provocado por el humo del incienso, las luces eran tenues y suaves. Las sábanas estaban limpias… y si, todo estaba en orden, incluso yo estaba preparada. Me había comprado un nuevo conjunto de ropa interior, de color rojo oscuro que contrastaba con mi pálida piel. Las bragas eran una compleja obra de arte con sus diferentes juegos de encajes que dejaban poco espacio a la imaginación, El sostén, sin embargo, se basaba en un juego más sencillo, que se dedicaba a levantar y oprimir mis pechos de manera que quedaban deliciosamente resaltados. Sonreí y me pasé las manos por el cuerpo, acariciando y palpando aquel cuerpo que tan bien me habían enseñado a descubrir. Estaba de sobra preparada, ahora… sólo faltaba ella.
El sonido del telefonillo reclamó toda mi atención, sonreí, a sabiendas de que era ella.
- ¿Claire? – pregunté, no por curiosidad, si no simplemente por cortesía. Suspiré llena de anticipación y pulsé el botón para abrir la puerta. Mi cuerpo también respondió a esa llamada, ya que me estremecí placenteramente  y comprobé como la excitación se iba adueñando de mi cuerpo, haciendo que mi bajo vientre se humedeciera con cada segundo de espera que pasaba. Eran tan sólo 6 pisos y sin embargo, yo ya estaba totalmente mojada antes de que Claire llegara a mi puerta. El timbre de mi puerta sonó, alto y repetitivo, suspiré profundamente y abrí. Allí estaba ella, tan sexy como de costumbre.
No quise perder el tiempo con palabras vanas, la hice entrar y en cuanto la puerta se cerró con su característico golpe seco, la besé con todo el ansia que sentía, me adueñé de su tentadora boca como si mi alma fuera en ello, lamí sus labios, entrelacé mi lengua con la suya, y tras unos momentos sin respirar me aparté, jadeante.
Mi excitación iba en aumento de manera alarmantemente progresiva, si un beso tenía el poder de hacerme temblar como una adolescente ante su primer polvo, ¿qué ocurriría cuando sintiera su lengua en mi sexo? El recuerdo de sus anteriores incursiones a mis húmedas profundidades me hizo gemir. Claire sonrió, dejó el bolso sobre la mesita del salón y sin más dilación me llevo a mi cama.
Ella siempre había tenido más experiencia que yo, y siempre que estábamos juntas me lo demostraba. Poco a poco y entre besos acabamos ambas tumbadas en la cama, ella completamente vestida, y yo, arropada únicamente con los dos escasos trozos de tela que me había comprado.
Como siempre, fue ella quien tomó el control, con esa característica sonrisa felina suya se puso a horcajadas sobre mí, inmovilizándome de cintura para abajo. Yo sonreí mientras contemplaba como se iba quitando la ropa prenda por prenda, hasta quedarse tan sólo con unas bragas negras que estaban sujetas a su ligero, que resaltaban fuertemente la longitud y suavidad de sus piernas. Claire sonrió más lujuriosamente y curvó su cuerpo hacia delante, dejando sus senos a escasos centímetros de mi boca.
Fue un acto casi instintivo, mis pezones se endurecieron y mi boca se cerró contra uno de sus pechos, lo que la provocó un gemido. Fue entonces cuando mi mano derecha se detuvo en acariciar el pecho que aún quedaba libre, masajeándolo, estrujándolo e incluso pellizcándolo de manera continua. Lentamente Claire se fue relajando, y mi cuerpo quedó poco a poco libre. Aproveché entonces para ser yo quien dominara la situación, por lo que tras apartarla y tumbarla junto a mí, comencé a besarla más lentamente. Empecé por sus labios, que suaves e igualmente ansiosos me respondían uniendo su lengua con la mía, bailando a un son que sólo nosotras entendíamos. Después, continué mordisqueando su cuello, lo que provocó que ella aumentase el nivel de sus gemidos, que a su vez hicieron que mi sexo clamase caricias de una manera completamente nueva. Gemí en su oído y Claire, que estaba tan excitada como yo me susurró al oído todas las obscenidades que yo deseaba oír. Y acto seguido, su lengua descendió por mi pecho hasta llegar a mi vientre, y de ahí a mi hinchado y mojado sexo.
Grité, y sé también que clavé mis uñas en su espalda, sé que gemí descontrolada, pero una sensación de placer tan intensa no se podía contener. Su lengua se movía en círculos sobre mi pequeño núcleo de éxtasis a la vez que uno de sus dedos se introducía en mí y se movía con gran rapidez, provocando que mi llegada al orgasmo se aproximara a un ritmo vertiginoso e imparable.

- ¡Oh Dios! – grité al notar como las paredes de mi vientre se contraían violentamente y como las olas de placer se arremolinaban en torno a mí, provocándome múltiples estremecimientos que desembocaron en el clímax más intenso de mi vida.
Noté como Claire reía por lo bajo, y cómo se separaba de mí.
En el momento en que la vi el rostro iluminado y sonriente, supe qué era exactamente lo que tenía que hacer. Me levanté apresuradamente y corrí hacía mi armario, dejando a Claire sola por un momento.

- ¿Dónde vas? Si piensas dejarme así… - me bufó y se estiró en la cama con un movimiento tan sensual que casi me arrepentí de dejar la calidez de las sabanas. Sin embargo… tenía que hacerlo. Esa noche quería que todo fuera especial y además, aquel juego no lo habíamos probado nunca. Tras coger mi nuevo juguete me giré, y se lo mostré a Claire. Ella sonrió al ver aquel pene de plástico, que sujeto a varias correas en mi cintura me convertían en una placentera y continua diversión.
Me acerqué a Claire que con un leve gemido se abrió completamente de piernas, dejando que mis ojos se deleitaran con la vista de su sexo húmedo y resbaladizo. Ella pareció notar mi interés por su bajo vientre dado que empezó a acariciarse rápidamente, dejando que yo disfrutara con la sensación de su orgasmo.
Pero ya no pude más. Me coloqué entre sus piernas y la penetré con fuerza. Ella gritó de placer y empezó a mover sus caderas de modo que parte del plástico rozara también mi clítoris, por lo que a cada embestida más crecía nuestra excitación hasta el punto de no querer parar. Y sin embargo, seguí empujando, más rápido más fuerte… más intenso. Sabía, por nuestros encuentros anteriores, que Claire estaba cerca del orgasmo, y yo, que ya estaba a punto, me abandoné a una última embestida que nos llevó a ambas a un clímax potente, intenso que nos hico gemir y pronunciar nuestros nombres al unísono. Mi cuerpo se convulsionaba y podía notar como mis fluidos se deslizaban por mi vagina hasta llegar a la zona interior de mis muslos.
- Dios mío… - murmuré y me dejé caer junto a ella. Claire me sonrió y apoyó su cabeza en mi pecho mientras suspiraba de plena satisfacción. Mis ojos se fueron cerrando poco a poco y noté a Morfeo apoderarse de nosotras. Pero antes de caer en las garras del sueño sonreí. Sabía que la noche aún no había terminado.

                                                                                                        Escrito por :  Victoria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario